Montelíbano. El cantautor, escritor y docente Naudín Gracián Petro llevó al conversatorio "Memoria Histórica de Montelíbano", en el marco de los 119 años de fundación de Montelíbano, una mirada profundamente sensible y artística sobre la memoria de Montelíbano, demostrando que la historia también se preserva a través de la palabra, la música y la creación literaria.
Desde una mirada histórica, cultural y territorial, el ponente abrió su intervención aclarando que no se trataba de una conferencia dogmática, sino de una charla reflexiva, producto de más de 20 años de observación y estudio, cuyo objetivo fue “encender una pequeña luz” para invitar a la comunidad a escudriñar su propia identidad. El eje central de su exposición giró en torno a la diferencia entre sinuanidad y sanjorgenidad, dos conceptos que, aunque comparten un origen étnico común (Zenú), han evolucionado de manera distinta debido a factores geográficos, económicos, históricos y culturales. El ponente enfatizó que reducir ambas regiones a una sola identidad es desconocer su devenir histórico y su realidad actual.
"Esa visión desconocida es decir que ignora al propósito que se ha establecido una diferencia marcada entre lo que es Zenú, que es lo referente a la etnia, y lo sinuano, que es lo referente al ecosistema social, económico y idiosincrático forjado alrededor del río Sinú. Si se mire con ojos acuciosos, es fácil encontrar particularidades en ambas regiones, la sinuana y la sanmorgina, que eran diferencias claramente. Podríamos entonces sostener que, aunque ciertamente ambas regiones tienen el mismo ascendente étnico, el devenir histórico, sumeditado al factor económico y geográfico diferenciado de ambas regiones, las ha distanciado hasta convertirlas en dos regiones claramente distintas, de manera que seguirlas considerando una sola con el solo tronco común étnico inicial es ignorar el desarrollo histórico y la realidad actual y palpable que ha producido", Gracián.
Uno de los elementos destacados que mencionó el ponente, fue la forma de fundación de los pueblos sanjorganos, entre ellos Montelíbano, creados no por conquistadores españoles, sino por campesinos, pescadores y colonos que llegaron para quedarse, construir comunidad y trabajar la tierra. A diferencia de los pueblos del Sinú, marcados por una fundación colonial más temprana, los del Alto San Jorge son jóvenes, populares y profundamente solidarios.
El análisis de los topónimos también permitió evidenciar esa diferencia identitaria: mientras en el Sinú predominan nombres ligados a lo religioso, lo indígena o a la riqueza aurífera, en el San Jorge los nombres nacen de la vivencia cotidiana, del paisaje y del lenguaje popular, como Buenavista, Planeta Rica o Montelíbano.
El ponente resaltó además la condición geográfica estratégica del Alto San Jorge, influenciada por Antioquia, la Sabana, el Caribe y una marcada presencia árabe-sirio-libanesa, lo que ha producido una identidad híbrida, fluida y multicultural, pero también frágil, pues “aceptamos todo y defendemos poco”.
Nuestros pueblos, con la excepción de Ayapé y Uré, son muy jóvenes si los comparamos con los del Sinú. Por lo general no recibieron de modo directo la influencia de los españoles en su formación, ni en sus costumbres, ni en su organización, ni en sus relaciones interpersonales. Es decir, que estos pueblos no fueron fundados por conquistadores noruegos que vinieron a civilizar. (...) Nuestros fundadores fueron personas sencillas, sin ínfulas ni abolengos, que no distinguieran entre sí ni ante las generaciones futuras, sino puñados de personas hermanadas por las duras circunstancias de vida que les tocó y, por lo tanto, con un gran sentido de colaboración y camaradería".
Esta ponencia dejó una invitación clara: reconocer las diferencias no divide, fortalece. Entender quiénes somos como región es un paso fundamental para estudiar, defender y proyectar una identidad propia que permita a Montelíbano construir futuro sin renunciar a su esencia.