Nacional. Las primeras semanas del Gobierno de Abelardo De la Espriella han estado acompañadas por una sucesión de ataques de grupos armados en distintas regiones del país, los Drones cargados con explosivos han generado miedo al estar acompañados de hostigamientos con armas y artefactos explosivos. La situación ya había quedado expuesta durante los días de la posesión presidencial. Entre el 7 y el 8 de agosto, la Defensoría del Pueblo reportó acciones violentas en 11 departamentos, principalmente contra la Fuerza Pública, infraestructura y corredores estratégicos.
La ofensiva continuó en las semanas siguientes. En el Cesar, el ELN fue señalado por presuntos ataques con drones contra la Fuerza Pública, incluido un ataque contra tropas del Ejército en zona rural de Pelaya que llevó a un consejo extraordinario de seguridad y ordenar un plan de choque y el fortalecimiento de las capacidades antidrones. A esto se suman nuevos hostigamientos y ataques contra instalaciones policiales y militares en diferentes zonas del país, evidenciando el uso cada vez más frecuente de drones y explosivos improvisados como herramientas de guerra por parte de las estructuras armadas.
Para muchos, eso es lo que prometió De la Espriella guerra con hijos ajenos; otros por su parte consideran que, si bien los grupos ilegales han aumentado la ofensiva, también el gobierno ha respondido, tal como él mismo lo señala: "Les prometí enfrentar el terrorismo sin contemplaciones y estoy cumpliendo. No vine a contemporizar con asesinos, extorsionistas y reclutadores de menores. Vine a derrotarlos con toda la fuerza legítima de las armas de la República y el imperio de la ley", precia De la Espriella.
Este panorama en Colombia representa uno de los primeros desafíos de seguridad para la administración De la Espriella, que llegó al poder con la promesa de 'recuperar' el control territorial y aplicar una política de confrontación directa contra las organizaciones criminales. El contraste resulta evidente: mientras el nuevo Gobierno endurece el discurso y anuncia una ofensiva contra los grupos armados, estas estructuras mantienen capacidad para golpear a la Fuerza Pública en diferentes territorios y con métodos cada vez más sofisticados y en medio del conflicto, como siempre queda la población civil, esa que no goza de la protección y termina en medio de un conflicto que lleva más de 6 décadas.