Roberto Parra| https://www.facebook.com/roberto.c.parra. Le damos la bievenida a nuestros lectores, a este espacio con Roberto Parra, Cantautor, Escrito, Empresario y soñador, que Dios ha inspirado para transmitir ese mensaje que necesitas.
Una cosa tenemos en común quienes hemos experimentado una tribulación, sea grande o pequeña, sin importar el tamaño de la misma: La consideramos nuestro mejor proceso de purificación y renovación.
Una de las mayores tribulaciones que podría yo considerar que experimentan las mariposas, eso sí, con el debido respeto de la ciencia (ya que es un tema gigante digno de investigaciones a nivel mundial), es su paso de Oruga a Mariposa; maravilloso lo que esto nos enseña, un reto, en todo el sentido de la palabra, una transformación no preconcebida por la especie misma; un proceso inherente a su misma naturaleza en la que fue creada; ¿podría la Mariposa en su esencia negarse a vivir este proceso?, es posible, no lo se, no conozco si la mariposa tiene consciencia; lo que si contemplo en éste su proceso, es que no es fácil abandonar una vieja estructura y asumir una nueva para sin saberlo quizá lograr su mejor versión, su máxima expresión; y ante todo su propósito de creación a través de la evolución. Es pues la Mariposa la única especie viva que conozco capaz de modificar por completo su estructura genética en su metamorfosis, afrontando el proceso, el momento y también el lugar donde dicha modificación por ley de la misma naturaleza en la que fue creada se presenta; naturaleza creadora ésta, la cual es la misma nuestra; una creación perfecta, a veces incómoda, la cual nos reta, nos transforma, nos incomoda, nos sorprende, y ante todo nos purifica a través de procesos evolutivos de nuestra condición humana.
Al igual que la oruga, la cual se acostumbra a cierto árbol que le proporciona condiciones para su sobrevivencia; muchas veces por comodidades de la vida, de las personas y de las circunstancias socio culturales, nos negamos en una serie de miedos internos a redescubrirnos y someternos a procesos que nos lleven de manera inévitable a desarrollar en nosotros una transformación desde adentro para exteriorizar nuestra mejor versión…
Plasmo ante ti amigo lector, 40 mariposas, las cuales considero un ayuno, una cuarentena, un diluvio, una prueba, un proceso, un desierto, un camino, etc…
40 días en los que a través de conversaciones directas con la tribulación y la confusión e incertidumbre, las cuales a su vez fueron revelando conversaciones directas con el merecimiento; de manera implícita fueron mi mejor conversación con Dios, mostrándome que justo allí, en el centro de la tormenta puedes encontrar la paz que tu alma necesita, a la vez obtener el boleto de inicio hacia tu sanación interior en aspectos incluso desconocidos en tu historia de vida, sólo si garantizas tener a Dios al mismo tiempo en tu mente y en tu corazón; sabrás que ya está sucediendo cuando con la mente pienses y con el corazón sientas en armonía y paz interior, recuerda, es tu boleto de inicio; la sanación interior es el lenguaje eterno en el cual diariamente el Espíritu de Dios crece en tu interior, no te sueltes.
Día 1: Conversemos con el Merecimiento:
Hay momentos en la vida, a través de los cuales llegas a un punto donde solo tienes dos caminos; hacia uno de ellos se encuentra el “No merecimiento”, hacia el otro se encuentra el “Merecimiento”.
Por carencias, circunstancias, patrones sociales, culturales, emocionales, afectivos, etc… una mayor cantidad de personas de manera reiterativa al llegar a este punto, tomamos la decisión de caminar hacia el “No merecimiento”, pues allí siempre seremos recibidos con los brazos abiertos por la oscuridad, la incertidumbre, la depresión, la ansiedad, el dolor, el sentimiento de fracaso, etc…Los cuales nos pueden hacer prisioneros incluso para siempre de una cárcel sin salida en una irremovible ceguera espiritual que nos impide reconocer a un Dios verdaderamente vivo que está dispuesto a llevarnos siempre a la plenitud de nuestras vidas.
Un numero determinado de personas al llegar a ese mismo punto tomamos la decisión de caminar hacia el “Merecimiento” y desarrollar con él conversaciones directas y establecer nuevos acuerdos para la vida en torno a un propósito de cambio, de desarrollo de nuevas actitudes a través de un proceso de renovación de la mente, que nos lleve constantemente a un encuentro nuevo con un Dios cargado de Amor incondicional que a diario se renueva en un patrón infinito de vida y plenitud sólo cuando reconocemos en El su grandeza y le permitimos que retire nuestra ceguera espiritual y con su mano amorosa nos guie día tras día hacia el merecimiento.
Bienvenido entonces a tu mejor decisión en ese punto de los dos caminos, a partir de este momento inicias tus conversaciones directas con el Merecimiento.